Un libro que desnuda el pasado colonial del sur global y las violencias que siguen organizando el presente. «Por el salvajismo de las muertes planificadas que describe, este libro es doloroso. Pero el punto de vista cr¡tico de los autores lo torna soportable y, a la vez, necesario para comenzar a restaurar las heridas que siguen abiertas». Liliana Ancalao Meli (poeta mapuche) La construcción de los Estados del hemisferio sur se sostiene sobre una pregunta urgente: ?sobre qué violencias edificaron su prosperidad? El exterminio, la esclavitud y el silenciamiento de los pueblos originarios atraviesan las tramas nacionales que recorren J. M. Coetzee y F. M. Siccardi, trazando una inédita l¡nea de reflexión Sur-Sur. Entre el ensayo y la literatura, los autores entrecruzan memorias personales y narraciones históricas que impugnan los relatos heroicos de fundación nacional y restituyen la palabra de las voces borradas. Coetzee examina la violencia ejercida contra los pueblos khoi y san en Sudáfrica, el genocidio perpetrado por el Imperio alemán en Namibia a comienzos del siglo XX y la persecución sistemática de los pueblos abor¡genes australianos. Siccardi recorre la historia de la violencia colonial en la Pampa y la Patagonia argentinas, desde mediados del siglo XVIII hasta la llamada Conquista del Desierto, y muestra cómo el Estado y sus imaginarios se forjaron sobre la exclusión ind¡gena.La cr¡tica ha dicho: «Dos autores nacidos en distintos puntos del planeta escriben desde la misma perspectiva: la de los favorecidos por el genocidio y el despojo territorial; perpetrados, directa o indirectamente, por la administración de sus respectivos pa¡ses. Traen de regreso su mirada asombrada de ni?os frente a las proezas f¡sicas de esos hombres, los sobrevivientes de la masacre, que ahora trabajan en lasestancias de sus respectivas familias. As¡ rompen el âÇúestricto código de silencioâÇÑ impuesto por su grupo de pertenencia: Siccardi se define como âÇúalguien apenas tocado por las esquirlas, cuidado por los gravemente heridosâÇÑ y Coetzee describe a su familia sin ra¡ces en el territorio âÇútomando té y contando chismes en la galer¡a de la casa, eran como golondrinas de pasoâÇÑ. Por el salvajismo de las muertes planificadas que describe, este libro es doloroso. Pero el punto de vistacr¡tico de los autores lo torna soportable y, a la vez, necesario para comenzar a restaurar las heridas que siguen abiertas». Liliana Ancalo Meli «Doloroso e imprescindible, Un mal salvaje desaf¡a inapelablemente los imaginarios establecidos. Dos voces,tres continentes y el mismo compromiso en darle nueva luz a un tema oscurecido y distorsionado por las culturas oficiales». Sylvia Iparraguirre